MI EXPERIENCIA BALNEAPOLIS.
Cuando la puerta del balneario urbano balneapolis se cerró dejé tras de mí las prisas, los nervios, el agobio y el estrés acumulado durante semanas.
La música suave, el aroma, la temperatura y la cuidada decoración de sus instalaciones me prepararon para la experiencia relajante y armónica que iba a vivir.
La primera sorpresa agradable la recibí al ver los amplios vestuarios, donde me dieron una toalla, un albornoz y la llave de una taquilla, para guardar mis cosas. Ya estaba preparada para poner a punto mi cuerpo, espíritu y mente, a través de un circuito termal compuesto por ducha higiénica, baño turco, fuente de hielo, ducha de chorros, piscina de hidromasaje, pediluvio, ducha de sensaciones y zona de relax e infusión…
La segunda sorpresa agradable fue comprobar que sala no estaba saturada de gente, era la una de la tarde y apenas cinco personas disfrutaban de las instalaciones, dos de ellas en el corazón de Balneapolis: la piscina de hidromasaje.
Mi tratamiento reparador y relajante para recuperar el equilibrio y alcanzar la armonía comenzó en el baño turco. Antes de entrar, mi ‘guía’, una de los profesionales de Balneapolis que me aconsejó y acompañó durante todo el recorrido, me explicó los beneficios del baño turco: los poros se abren por el efecto del calor y la humedad lo que produce la limpieza de toxinas de la piel, la circulación se estimula al tiempo que se dilatan las ramificaciones respiratorias, oxigenándose y suavizándose. Además, en Balneapolis añaden eucaliptos, así que al mismo tiempo que se purifican pulmones, se mejoran dolencias como la conjuntivitis, o la sinusitis, la piel se hidrata y suaviza.
Me costó un par de minutos acostumbrarme al calor y a la humedad, pero después poco a poco me fui relajando y mis músculos se distendieron. Tras el baño turco probé la sauna seca, con una elevada temperatura y menos humedad. Añadí un poco de agua a las piedras candentes situadas en el centro de la sauna para humificar la habitación y me tumbé cuan larga soy, mi sistema nervioso estaba en reposo.
Después de diez minutos me sentía purificada, y al salir mi ‘guía’ me dirigió a la fuente de hielo, donde me froté las piernas y los brazos con cubitos de hielo, el contraste entre el calor y el frío activó mi circulación y despertó mis sentidos. Ya estaba preparada para la ducha bitérmica, donde chorros a presión, alternando agua caliente y fría, recorrieron mi cuerpo desde los pies a la cabeza. “¡Esto sí que es activar la circulación y tonificar los músculos!”, pensé, me sentía más ligera, y al mismo tiempo parecía que mi torrente sanguíneo había aumentado. La experiencia había sido estimulante y refrescante.
El tiempo se me pasaba volando y ya estaba en el pediluvio, donde recibí chorros de agua caliente y fría en las piernas y los pies, mientras caminaba sobre un pequeño recorrido de piedras. Ideal para mis piernas cansadas, y esas varices que ya empiezan a notarse. Mis pies doloridos por el efecto de los tacones también lo agradecieron, porque aunque al principio pensé que caminar sobre piedras sería molesto, al salir del pediluvio mis pies estaban como nuevos.
Por fin llegó la hora de entrar en la piscina de hidromasaje, mi ‘guía’ me explicó que había distintos chorros de agua a diferentes presiones y temperaturas, colocados a distintas alturas para tratar todas las zonas del cuerpo, así que me dispuse a probarlos y disfrutar. La agradable temperatura del agua, 34 grados, y los distintos chorros de agua en las piernas y espalda eran como un masaje en todo el cuerpo, por lo que terminé de relajarme, mientras flotaba en la piscina. Pero sin duda, mis cervicales y espalda agradecieron más el chorro de agua de la cascada y el pico de pato, los músculos de la espalda se distendieron, sobre todo la contractura de mi hombro izquierdo.
El circuito estaba apunto de concluir y la ducha de sensaciones o tropical, con aceites esenciales y aromas, sirvió para hidratar y tonificar la piel, antes de entrar en la zona de relax, una sala con tumbonas recubiertas de gresite, que despiden un agradable calor en todo el cuerpo.
Que pronto pasa una hora y media cuando estás disfrutando y mimando tu cuerpo, pero todo se acaba, aunque la sensación de relajación y bienestar permaneció conmigo durante todo el día. ¡Y pensar que me había costado encontrar dos horas para dedicarlas a mi misma!
Esta experiencia tengo que recomendársela a mis amigos.
Susana García